jueves, 15 de marzo de 2012

ESCLAVO DE MIS OJOS.

Temblaba de miedo. Un miedo que acuchillaba mis brazos y aceleraba el ritmo de mi sangre, que chirriaba incesante paralizando mi mente.
Me levanté y salí disparado contra el suelo. Levantado de nuevo, ahora sentado, todo el horror del mundo mirándome, enfadado y buscándome.
Y yo pequeño, débil, inepto. Aplastado por dos losas de piedra: una de acero, otra de carne.
Huir. Solo quería ser borrado para que el miedo no me asfixiase y dejara de retorcer mi estómago.
¿Dónde ir?.
Corría pero el miedo no se callaba. Cada vez era más grande. Cada vez estaba más cerca.
Soy débil y feo. Horriblemente imperfecto. Destinado para toda la eternidad a no encontrar a nadie tan corrompido, temeroso y feo como yo soy.
Corría sentado. Aprisionado por las terribles cadenas que me clavaron cuando nací para que no me moviese nunca. Dominado por ellas.
Mis ojos me miraban. Yo era su esclavo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario