De nuevo me disfracé con el aire,
otra vez respiré sobre el canto de
pitidos y humaredas ausentes,
me desembaracé de sus brazos
y cupieron en mis entrañas
todo el sol y sus vidas,
que acariciaban mi cuerpo
y me iluminaban la cara.
Otra vez me animé con el aire.
Tenía la esperanza, ya no habia duda.
Tenía todo en mis ojos.
Sonrisas, caricias, gritos...
Todos los oídos y por escuchar
eran míos porque reía, amaba y gritaba con ellos.
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