La verdad nació para atar al hombre.
Aunque fría e implacable, arde, y con el tiempo terminamos masticando sus cenizas, intoxicándonos del parásito de su juicio.
Aunque fría e implacable, arde, y con el tiempo terminamos masticando sus cenizas, intoxicándonos del parásito de su juicio.
Y entramos en un mundo de palabras sin brújula, viciado por el estertor metálico de nuestro enfermo corazón que suspira por una vida que no existe y en la cual no hay impulsos de tierra.
Nos pudrimos en una espiral de pensamientos que nos ahogan y retuercen, y nuestra alma se sume en la más profunda oscuridad. Miramos al frente y no vemos nada.
No reneguemos de nuestras raíces, estamos vivos porque hablamos con el Universo.
Alabemos la mentira que sentimos, porque es la que inunda nuestros pulmones, corre por nuestra sangre y brilla en nuestros ojos.
Olvidemos la falsa verdad que nos imponen. Defendamos la mentira y ríamonos de la muerte. Síntamos el Sol iluminando nuestros corazones.
Y lo único verdadero será la sonrisa del viento.
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