Esta noche me disfracé
con el aire,
otra vez respiré sobre el
canto de
pitidos y humaredas
ausentes,
me desembaracé de sus
brazos
y cupieron en mis entrañas
todo el sol y sus vidas,
que acariciaban mi cuerpo
y me agitaban la cara.
Está noche me disfracé
con el aire,
de nuevo conseguí escalar
la montaña
de cadenas y carroña, de
miedo y discordia.
Escalé, apoyándome en el
impulso de la nube
de las gotas febriles que
retruenan juntas,
porque ven el cielo dónde
el sueño late,
dónde el humano crece y
se enraiza a la tierra.
Otra vez me animé con el
aire.
Tenía la esperanza, ya no
habia duda.
Tenía todo en mis ojos.
Sonrisas, caricias,
gritos...
Todos los oídos y por
escuchar
eran míos porque reía,
amaba y gritaba con ellos.
Era tremendamente,
descaradamente yo,
desnudo y desarropado,
inundado por el viento.
Era yo, entre los húmedos
lazos de la nube,
empapado de la savia del
mundo.
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