Todas las mañanas nace el Universo.
Las nubes sucumben
al tirano reloj solar.
Las colinas crecen de nuevo,
Y sobre ellas caen los sueños,
lágrimas que empapan las hojas,
las raíces,
nuestros cuerpos desnudos.
En recién nacida humedad
Abrimos los ojos al cielo luminoso,
guardián de las estrellas
que guían (aún sin verlas)
la senda de nuestros pasos.
Pasos que esculpen la anciana tierra,
sabia y cambiante,
eternamente nueva.
Desnudos paseamos desentrañando caminos.
Sorbemos la miel de las flores,
pero también nos clavamos sus espinas.
Nunca cesamos en nuestro paso
Porque el caliente Sol no lo permite.
Y si miramos atrás nos despistamos,
andamos torpes y ciegos,
perdidos en una oscuridad deslumbrante.
Cuando el imenso Rey Rojo
Se esconde bajo el firmamento,
nuestros se pasos se congelan,
las colinas se derriten
(masa de un nuevo mundo).
.
Somos mariposas
bajo un Sol que, sin piedad,
nos encadena a sus pasos.
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